Civismo y protección de los animales domésticos
En las últimas semanas, hemos reimpulsado la campaña sobre la obligatoriedad de censar a los perros mediante la prueba de ADN canino, tal como recoge la Ordenanza Municipal de Convivencia, y como herramienta para proteger a los animales ante situaciones de pérdida o abandono, así como para generar entre los ciudadanos el sentido de la responsabilidad que supone tener un animal de compañía, tanto en derechos como en deberes. Se trata de una iniciativa de sensibilización y de civismo.
Y es importante, porque en los últimos tiempos todos hemos ido adaptándonos a las nuevas realidades y necesidades en la ciudad para dar espacio y voz a todos los colectivos.
En las últimas encuestas ciudadanas, el índice de satisfacción de las personas que viven en Cornellà se sitúa por encima del 86%, valorando los espacios públicos, los equipamientos o la movilidad. Pero también hay aspectos que les preocupan, como la seguridad, la convivencia o la limpieza viaria, que son a su vez algunas de las prioridades de las políticas municipales.
Como ya mencioné en este blog hace unas semanas, la conservación del espacio público y la limpieza representan casi un tercio del presupuesto municipal, es decir, algo más de 33 millones de euros. En este ámbito entran los 15 parques caninos y 4 correcans que tenemos en la ciudad y que, recientemente, se han renovado (con el cambio de arena, la mejora de las vallas y otros servicios). Es un servicio que se ofrece a los propietarios de los perros y son ellos los que deben responsabilizarse y hacer un uso adecuado, recogiendo los excrementos y ayudando a su conservación por el bienestar de sus propios animales.
Precisamente por ello, se ha ido intensificando la intervención en el espacio público mediante la concienciación ciudadana tanto con los propietarios de las mascotas, en el sentido de reconducir las conductas incívicas que se producen (campañas informativas, ordenanzas y campañas punitivas), como también con la población que expresa su malestar por padecer o sufrir las consecuencias de dichas actitudes (daños por caídas, suciedad en las calles, malos olores…) en el sentido de buscar fórmulas para mejorar la limpieza de los lugares más problemáticos. Y dichas actuaciones se han llevado a cabo con la voluntad de proteger los derechos de unos y de otros, de los defensores y los detractores. Por este motivo, no es justo que, por la irresponsabilidad de una minoría, se señale a la mayoría de propietarios de animales de compañía que cumplen las normas y atienden debidamente las necesidades de estos.
Y por ello seguiremos inflexibles con los incívicos. El año pasado se interpusieron 600 sanciones relacionadas con la tenencia de animales, de ellas llevar al perro sin correa, no recoger los excrementos. Las sanciones no tienen una finalidad recaudatoria, pero sí disuasoria, y seguiremos aplicándolas con la máxima rigurosidad.
Debemos entre todos articular una forma de actuar que sea respetuosa y ponderada con todas las personas que usamos y convivimos en el espacio público, y todos tenemos que hacer un esfuerzo para entendernos y colaborar para conservar nuestro entorno.