Con los más vulnerables, un compromiso público y humano

Las cuentas de 2023 consolidan el aumento del año pasado en las áreas sociales, de igualdad, y de salud pública: más de cinco millones y medio de euros.

Consolidan un esfuerzo para adecuar la situación de la ciudad a la salida de la crisis pandémica, que como ya está dicho, supuso un grave bache en la recuperación económica y que sigue comprometida por la guerra, el encarecimiento de carburantes y otras materias primas, etc. La sensación general es de incertidumbre tras el bache, y de que no podemos descuidar todas aquellas actuaciones encaminadas a proteger a las familias vulnerables, personas mayores, y especialmente programas para niños y adolescentes.

La labor en el área social es a veces sorda, no genera grandes titulares. El programa de salud bucodental, por ejemplo, creado para niños y adolescentes, o el de atención psicológica; las 400 plazas sociales en casals que intentamos conseguir cada verano; los planes de empleo municipales, que han permitido dar trabajo a 400 personas entre 2019 y 2022; o más de 150 familias a las que se ha buscado una alternativa cuando han perdido su hogar.

A veces caemos en el error de creer que las ayudas más específicas no son importantes, que solo deben importar a quién se puede beneficiar. Es incorrecto: ese camino, que la derecha proclama más o menos abiertamente, acaba conduciendo a tensiones en el tejido social difíciles de reparar, acaba llevando a una degradación general de la convivencia. El esfuerzo social es un compromiso público y humano por parte de todos y todas, conjunto, corresponsable.

Muchas de esas políticas tienen el visto bueno de un espacio que se fundamenta en la corresponsabilidad que mencionaba antes, y en el diálogo. En la ASUECO, con la participación de entidades, asociaciones profesionales y también partidos políticos, damos cuenta de qué se hace, donde se hace, y qué pretendemos conseguir con ello: una ciudad más fuerte, más justa, más humana.