Cornellà pierde a un ciudadano discreto, pero referente de su época

Cornellà pierde a un ciudadano discreto, pero referente de su época
FOTO: Cornellà en Comú (Instagram)

Ignacio Flórez Barrón nos ha dejado. Una gran persona, un idealista implicado y comprometido con la defensa de los derechos y las libertades, partícipe de las luchas clandestinas. Formó parte de la primera lista del Partit Socialista Unificat de Catalunya. Fue concejal delegado de Deportes en el primer gobierno democrático tras la dictadura, aunque dejó el cargo antes de finalizar la mandato a raíz de la escisión que se produjo en 1981 dentro de su formación política. En ese momento se incorporó al Partit Comunista de Catalunya, donde encabezó la candidatura de esa formación en distintos procesos electorales.

Ignacio era una persona entrañable, a quien conocí siendo yo muy joven, a mediados de la década de los setenta. Teníamos diferencias considerables que, con el tiempo, se fueron reduciendo; probablemente porque ambos maduramos en el respeto y compartiendo la idea de que no todo era posible de manera inmediata. Fue de las primeras personas en hablar y defender la importancia de proteger nuestro medio ambiente —cuando muy pocos se referían a este tema—, así como de la salud y del valor del deporte en nuestras vidas.

Su vida no fue nada fácil. Era un gran conversador, siempre dispuesto al diálogo crítico, con voluntad de sumar y de generar debates desde la discrepancia constructiva. Trabajó toda su vida en Siemens, donde también fue enlace sindical, implicándose de lleno hasta su jubilación.

En los últimos meses, coincidiendo con su hijo en la misma residencia donde se encuentra mi madre, tuve noticias frecuentes sobre su estado de salud. Ignacio era de esas personas sencillas y humanas con las que uno se siente a gusto.

Ignacio Flórez forma parte de nuestro corazón colectivo. Militante de la vida, de las convicciones democráticas y de una izquierda profunda, tuvimos la oportunidad de compartir debates, negociaciones, luchas y compromisos. Un forjador de nuevos caminos, un referente para quienes recogimos el testigo de generaciones anteriores. Como he dicho en otras ocasiones: Cornellà no olvida, y yo tampoco.

Tu huella seguirá viva en Cornellà. Buen viaje, compañero.