Envejecimiento activo y atención transversal
Es lógico que si consultamos los temas que preocupan a la población, las respuestas puede ser ligeramente diferentes entre cada grupo de edad. Con los retos que nos hemos encontrado en los últimos años o tenemos todavía por delante, no extraña que los adolescentes sean más sensibles a cuestiones como la crisis climática, y las personas mayores a la importancia de la salud sociosanitaria, de la atención que reciben o piensan que van a tener que recibir.
Pero es importante no caer en el error de pensar que lo único que puede preocupar a las personas mayores es la atención social, ni que ello es lo único que debe importar a los demás. Es importantísimo, pero no es lo único. Manel Domínguez, doctor en Comunicación Social, tiene 72 años y es un activista contra el “edadismo”, el tener el prejuicio de que, a una cierta edad, una persona ya no debería hacer ciertas cosas, cuando, según el caso, puede estar mejor capacitada que una más joven para muchas de ellas.
Y esto es fácil de ver en nuestro propio entorno. Son muchas personas las que llegan a la edad de jubilación con grandes inquietudes: conscientes de la necesidad de cuidarse de sí mismos, tanto a nivel físico como mental, y eso puede incluir cultura, formación, entretenimiento, etc.
Domínguez incluso recuerda que, según la Encuesta Social Europea, el edadismo es el tipo de discriminación más prevalente, por encima del racismo y del sexismo: casi una de cada tres personas se sienten atacadas por razón de su edad. Y las consecuencias de la falta de respeto a los mayores son a menudo invisibles pero tienen efectos gravísimos: ansiedad, depresión, reducción de la calidad de vida, aislamiento y exclusión social y soledad.
Pienso que, si nos planteamos caminar hacia una ciudad de la atención transversal, los servicios y recursos deben adaptarse en cada etapa de vida a la realidad de un grupo que cada vez puede ser más numeroso, que fortalezca el envejecimiento activo, aporte conocimiento y hábitos saludables, sin dejar de mantener una atención personalizada a los más vulnerables.
Y, además, sumar algo muy importante: seguir fomentando su participación en la comunidad. Confiar en la experiencia de quién más experiencia tiene es un valor que nos beneficia a todos como colectivo.