Nuestro sentido de lo público

Con la llegada de la primavera, empezamos a percibir cómo la ciudad cambia de color en muchos de sus espacios: florecen los árboles, se revitalizan las plantas arbustivas, crecen las flores… y volvemos a disfrutar de los espacios públicos, de nuestros parques y de los entornos naturalizados donde pasear, relajarnos en un banco, leer o simplemente desconectar de la rutina diaria.

Pero, como es sabido, nada de esto es fruto de la casualidad. Los jardines no se cuidan solos, ni las plazas, ni los parques, ni las calles por las que transitamos cada día. Tampoco lo hacen las papeleras, el mobiliario urbano o el alumbrado. Detrás de todo ello hay el trabajo constante de muchas personas y un importante esfuerzo municipal: más de 34 millones de euros previstos para 2026. Una inversión que responde a una convicción clara: una ciudad cuidada, verde, saludable, habitable y bien conservada es la base de nuestro bienestar colectivo y un compromiso firme de este equipo de gobierno para evitar cualquier proceso de degradación.

Además, cada año damos un paso más impulsando nuevos proyectos que mejoren y optimicen este trabajo diario, con un impacto directo en la calidad de vida de la ciudadanía. En este sentido, una parte importante de la inversión de este año se destina a programas como el Pla de Voreres, el Pla d’Il·luminació o el Pla d’ombres, así como a la continuidad de iniciativas como Pam a Pam o A prop teu.

Ahora bien, debemos ser conscientes de que la ciudad que queremos no se construye únicamente desde las instituciones, sino también desde la actitud cotidiana de quienes la habitamos. La responsabilidad es compartida, y cada gesto cuenta: hacer un uso respetuoso de los espacios públicos, utilizar correctamente papeleras y contenedores, recoger los excrementos de los animales de compañía o respetar las normas de convivencia. En definitiva, comportamientos que repercuten directamente en el bienestar de todos y todas.

El sentido de lo público nace cuando entendemos que lo común nos pertenece a todos, que lo sostenemos entre todos y, por tanto, también somos responsables de preservarlo. El civismo no es una imposición, sino una actitud basada en el respeto que fortalece la vida en comunidad. Nuestra ciudad es hoy más resiliente, más amable y con mejores estándares de salubridad, gracias al impulso de la regeneración del verde urbano, las medidas de pacificación del tráfico y otras mejoras en múltiples ámbitos. Sin embargo, no es justo que el incivismo de unos pocos perjudique al conjunto de la ciudadanía que actúa correctamente.

Por eso debemos seguir avanzando, y lo haremos con determinación. Porque cuando cuidamos nuestro espacio común, en realidad estamos protegiendo algo más profundo: la calidad de nuestra vida comunitaria y el futuro de la ciudad que queremos seguir construyendo juntos.