Reflexión colectiva en el Día Internacional de la Mujer
El próximo domingo conmemoramos el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Con él, iniciamos un mes de actividades de sensibilización y reflexión, que reafirman el compromiso de la ciudad en pro de una igualdad real y efectiva. Un compromiso que no se limita a una fecha simbólica, sino que se sostiene cada día a través del trabajo de las entidades, de muchas personas implicadas y de las políticas transversales que impulsamos desde el consistorio con recursos y determinación.
El 8 de marzo es hoy, más que nunca, un termómetro social: mide avances, alerta de retrocesos y nos obliga a preguntarnos qué modelo de sociedad queremos. No es solo una celebración, sino un espacio de reflexión colectiva y de reivindicación serena y firme.
En los últimos años hemos avanzado. La conciencia sobre las desigualdades estructurales es mayor; conceptos como consentimiento, corresponsabilidad o diversidad forman parte del debate público; y crece la presencia de mujeres en espacios de decisión, aunque todavía lejos de una paridad plena.
Pero también observamos señales preocupantes. El negacionismo de la violencia machista, la banalización de la desigualdad y la polarización que convierte la igualdad en arma ideológica amenazan con erosionar consensos básicos. Tan peligroso es el extremismo que niega las discriminaciones persistentes como cualquier planteamiento excluyente que sustituya la igualdad por la confrontación. Los derechos conquistados no son irreversibles: pueden debilitarse si se fractura el compromiso colectivo.
A ello se suma una realidad social compleja: la precariedad laboral que afecta especialmente a mujeres jóvenes, migrantes y cuidadoras; la persistencia de brechas salariales; y la sobrecarga de los trabajos de cuidados, todavía desigualmente repartidos.
El reto es transformar la reflexión en proyecto común: un modelo que valore los cuidados, promueva nuevas masculinidades, garantice la libertad de decidir sobre el propio cuerpo y el propio tiempo, y entienda la igualdad no como una bandera partidista, sino como un pilar democrático irrenunciable.
Nos encontramos en un cruce de caminos. Podemos consolidar los avances logrados o permitir que el ruido y la polarización debiliten lo conseguido. La igualdad real no se decreta: se construye cada día, se defiende frente a los retrocesos y se actualiza con diálogo y consenso.
Os invito a participar en los actos programados durante este mes, a implicaros y a ser altavoz de un mensaje que nos concierne a todos y todas. Porque la igualdad no es una causa sectorial: es la base de una sociedad más justa, más cohesionada y más fuerte.