Sombras y refugios para ganar en calidad de vida
El calor ya no es algo excepcional, suele llegar antes, dura más y golpea más fuerte. Por eso, hablar de sombras en la ciudad no es solo un detalle urbanístico, en realidad es hablar de salud, de reducir la desigualdad y de calidad de vida. Estar preparados para esta evolución del clima es fundamental, y creo que Cornellà ha avanzado en la buena dirección.
Más verde, más arbolado y más espacios pensados para protegernos son algunos de los ejes del proyecto Cornellà Natura y, de cara a los meses con mayor probabilidad de temperaturas extremas, se ha desarrollado también la red de refugios climáticos. Y funcionan: la gente los conoce, los valora y los utiliza, pero no podemos quedarnos ahí.
Porque la realidad es clara: si necesitamos refugios es porque, en ocasiones, fuera hace demasiado calor, y una ciudad no puede depender solo de espacios donde “escapar” del clima. La sombra no debe ser únicamente un recurso puntual, sino una condición habitual del espacio público.
Este marco de trabajo nos ha llevado a avanzar hacia una ciudad cada vez más verde, donde el arbolado tenga un papel protagonista y contribuya a mejorar el conjunto del espacio urbano; en este camino hemos ganado 107 hectáreas de cubierta vegetal, alrededor de un 15% desde el inicio del proyecto. Y cuando físicamente no es posible —como hemos venido impulsando desde hace más de diez años— los toldos y las pérgolas también ayudan, y mucho, son soluciones prácticas que permiten ganar sombra allí donde no siempre se puede actuar de otra manera.
Ahí está el verdadero reto: continuar reforzando estas políticas y hacerlas llegar a todos los barrios, para que la adaptación al cambio climático ayude también a reducir desigualdades, no se trata solo de realizar grandes proyectos sino de consolidar y ampliar lo que ya funciona, avanzando al ritmo que nos exige la realidad y transformando, paso a paso, la ciudad en un espacio más habitable para todos.
Porque, al final, se trata de algo muy sencillo: que pasear, jugar o sentarse en la calle en verano no sea una prueba de resistencia, que la sombra no sea un privilegio y que Cornellà sea, en sí misma, un refugio.